Llamas espiritualidad a creerte más que los demás porque lees un poco más o porque comes diferente o, porque vive en el lago  contemplando la naturaleza, porque creer que tu vida te ha tratado duro y todo eso te ha servido para ser diferente.

Pasan los años y te vuelves más terca, más llevada de tu padecer, nada te sirve, nada te llena, todos de roban nadie es lo suficiente bueno para estar a tu lado, la gente no quiere el bien y a parte todos te tienen envidia.

La expresión sobre los demás es totalmente devastadora, criticas, juzgas y te hace la víctima de lo que pasa sin evaluarte en el fondo que eres tú misma la que alejas el mundo de tu lado, que tu energía pesada y fuerte debilita a los más buenos, que es mejor tenerte alejada que convivir contigo porque de lo contrarió los otros estaría infectados de esa energía que aparece como un nubarrón negro y no deja ver claridad en nada. Es como dicen los libros personas tóxicas que no ven nada bueno en los demás y que se creen felices cuando realmente tienen patrones estructurados tan arraigados que no se dejan liberar.

Si pudiera gritarle a todos en la cara,  que lo  tienes hoy no es gratis, lo que tienes hoy es lo que cosechaste un día, tu soledad es decisión tuya no de nadie más, la gente te sobre pasa porque sabes que eres débil, la mascara que tienes no es tuya, no es la quieres ser o eres realmente, todo es una farsa porque en el fondo lo único  cierto es la debilidad de carácter, la necesidad de aprobación de los demás y la falta de decisión contundente de vida.

Pero decir que has crecido espiritualmente es una buena estrategia, decir que has cambiado es bueno para sentirte bien contigo misma, pero definitivamente no sabes que es la espiritualidad de verdad, falta tanto para llegar a decir que podemos ser seres espirituales cuando nuestros paradigmas, nuestra cultura, nuestra necesidad de tener la razón puede más que la libertad de corazón.